Bucor Parte III: Progreso a la Orden del Día
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A diferencia de todos los clubes por los que había transitado antes, la natación era y es LA prioridad para Bucor, nada extraño para una academia dedicada puramente a dicho deporte. Es por eso que no sólo el mantenimiento continuo ha sido desde siempre moneda corriente en la Institución, sino que la introducción de mejoras fue escalando notablemente durante el transcurso de los ‘90.
No logro precisar las fechas, pero a lo largo de mis 15 años de permanencia en Bucor fui testigo de varias novedades en la sede Centro.

Playa de estacionamiento, no muy amplia, pero muy oportuna. El toldo verde es nuevo: antes había uno negro del tipo media-sombra
La habilitación de la playa de estacionamiento aledaña constituyó un gran alivio para aquellos que concurrían en auto (no era mi caso durante los primeros 5 ó 6 años) y que, debido a la vigencia del estacionamiento medido en la zona, debían recurrir a playas públicas con el consiguiente gasto extra.
El solarium en la terraza, y el gimnasio y la cama solar en el primer piso fueron incorporados de a poco, aunque el equipamiento del gimnasio prosiguió en continuo crecimiento. Con el tiempo, el logo Bucor Natación le daría paso al slogan Natación + Gimnasio porque la actividad física fuera del agua había cobrado gran importancia en la Institución.
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También el nombre Bucor comenzó a propagarse por toda la ciudad. La sede Nueva Córdoba, si no me equivoco, hasta incluía canchas de paddle, práctica tan en boga durante los años ‘90.
De esta presente década data la sede Olmos, que hasta no hace mucho ostentaba el orgullo de ser la más joven de la familia.
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En 1997 la sede Cerro, que había florecido alrededor de su pequeña piscina original, luego expandida a una más grande cubierta con una carpa, fue remodelada completamente. Esta vez la piscina fue convertida en una de 25 metros de dimensiones reglamentarias -seis andariveles y cubos de partida en ambos extremos- y estructura edilicia acorde construida en mampostería, vidrio y aluminio.
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El entorno resultó así por demás de atractivo para figuras de sumo prestigio en el deporte, por cuanto el entonces ya firmemente establecido José Meolans emigró a Bucor, seguido más tarde por una gran promesa que venía forjando todo un nombre: Georgina Bardach. Fue así como Bucor Cerro (más adelante sede de la Academia de Natación Córdoba, ANC) supo acoger a una pareja de nadadores llamados a revivir una legendaria historia que no se repetía desde los años ‘60, cuando sus predecesores Luis Nicolao y Susana Peper (hija de Jeanette Campbell) impusieron la natación argentina una vez más en los diarios del mundo.
Sin embargo, nosotros, los que nadábamos en la sede Centro a gran distancia de las hazañas del dúo Bardach-Meolans, también fuimos protagonistas de bienvenidas mejoras en la pileta a fines de los ‘90. Aunque no recuerdo el orden exacto de los acontecimientos, por empezar fuimos favorecidos con lo que en un principio parecía imposible: andariveles rompeolas! Tampoco me acuerdo de cómo fue logrado, ya que se nos había explicado que la estructura de los extremos de la pileta no soportaba la gran tensión impuesta por los gruesos cables de acero que componen los andariveles rompeolas, de ahí que tuviéramos que conformarnos con los de “boyita”. Pero lo cierto es que los inconvenientes de mampostería fueron subsanados y por fin la piscina de la sede Centro pudo lucir sus tres andariveles rompeolas que pronto tornaron el espejo de agua en lo que realmente dice su nombre: un espejo y no un mar embravecido, como había sido hasta entonces.
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¿Y por qué hablo de mar? Bueno, porque más o menos coincidente en el tiempo (insisto en que no recuerdo exactamente las fechas) Bucor Centro adoptaría un ingenioso sistema de cloración de origen australiano: el que utiliza tecnología Clearwater®.
Basado en la electrólisis salina (esto es, en la ruptura de las moléculas de sal producida por la electricidad) con producción in-situ de cloro gaseoso que se disuelve inmediatamente en el agua liberando los mismos agentes desinfectantes que contiene el cloro comercial para piscinas, este sistema continuo aplicado a piletas que contienen un ligero agregado de sal en sus aguas, se va imponiendo en muchos natatorios como un medio práctico, sencillo y sumamente eficaz… aunque no tan económico.
Hay todo un interesante fundamento tecnológico detrás de la desinfección de aguas por vía electrolítica que obviamente no voy a detallar aquí (los Químicos hasta podríamos sumergirnos en una explicación que aburriría a medio mundo!) pero lo cierto es que las ventajas del mismo pronto las disfrutamos todos en Bucor. Adiós a la irritación de ojos y piel, a ese penetrante olor a lavandina, nuestras mallas duraron más tiempo y nuestro cabello quedó más agradecido. Y, como si no fuera suficiente, mis problemas alérgicos alcanzaron su punto mínimo! Después de todo, ¿cuántos podían darse el lujo de gozar de todas estas ventajas nadando en una piscina de aguas eternamente cristalinas y un suave gusto salado?
Recuerdo los afiches informativos sobre este sistema de cloración en las paredes de la sede. Y lamento no haberles solicitado alguna copia porque… al fin y al cabo, la adopción del mismo no sería eterna en Bucor Centro. La crisis económica local del 2001 y la salida de la convertibilidad impactarían negativamente en el uso de equipos e insumos cotizados a valor dólar… Y fue así como hubo que retornar al sistema tradicional de desinfección del agua mediante el agregado manual de cloro, por lo general, en estado líquido.
Si bien la clínica médica ha probado que en la gran mayoría de los casos no es el cloro en sí mismo sino los subproductos (cloraminas) generados químicamente en una piscina los que causan alergia crónica e irritación de la mucosa nasal, aquellos que padecemos de estos desagradables inconvenientes no encontraremos mejor ambiente que una pileta equipada con un sistema de cloración no tradicional. Y conste que no se trata de ninguna propaganda intencionada: doy plena fe de ello porque pude verificarlo personalmente!
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Nuevos rumbos
Bucor Centro fue y es un lugar para volver siempre. Después de todo, 15 años consecutivos de mi vida pasados allí lo dicen todo. En diciembre del 2006 y ante el breve cierre temporario de la sede por una nueva serie de bienvenidas mejoras, algunos probamos otras piscinas que nos gustaron… y allí nos quedamos.
Como dije siempre, en materia de natación soy una golondrina que anida en los mejores lugares, pero que con inusitada frecuencia prosigue su vuelo hacia otros entornos. Cuantos más sean, mejor. Uno al final queda con un amplísimo espectro en su memoria deportiva y con la satisfacción de haber conocido tanta gente linda y de haber cosechado tantas vivencias positivas en cada una de esas “paradas”, algo tan gratificante como la satisfacción única y exclusiva de NADAR.






