Nadadores argentinos en las Olimpíadas de Helsinki 1952
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El “volver a la vida” que habían representado las Olimpíadas de Londres en 1948 para cientos de atletas por cierto no alcanzaría la misma magnitud en el escenario de Helsinki 1952. Tal como sucedió de ahí en más en otros encuentros olímpicos, acontecimientos que nada tenían que ver con el espíritu meramente deportivo llenaron de nubarrones la villa finlandesa, y aunque los Juegos se desarrollaron con normalidad las tensiones políticas del mundo de entonces cobraron su cuota.
En plena guerra fría, esa feroz puja que durante décadas partió en dos a la civilización en su intento de demostrar las bondandes de dos sistemas de vida antagónicos -hoy uno obsoleto, el otro herido de gravedad- no era sencillo despegarse de la política para meterse de lleno en el frenesí olímpico. Alemania y Japón volvían a escena tras una ausencia de 16 años marcada por la guerra. La entonces URSS ingresaba por primera vez bajo la bandera de los cinco anillos, si bien los atletas de Ucrania y Bielorrusia (países declarados independientes por las Naciones Unidas, pero no por el Comité Olímpico Internacional) fueron obligados a representar a la URSS. Tampoco el COI reconocía a China, sino sólo a la isla de Formosa (luego Taiwán), por lo que el gran país asiático estuvo ausente en Helsinki.
En la Argentina la situación no ofrecía mejores perspectivas. El recorte de deportistas respecto de la nutrida delegación de 1948 (pleno apogeo del peronismo) fue notorio y esta vez el país estuvo representado por 184 atletas, de los cuales apenas 9 eran mujeres. Si a ello le sumamos la muerte de Eva Perón en Buenos Aires durante el transcurso de los Juegos, que impactó en la moral de varios atletas locales, se desprende que la llama de 1948 no brilló con la misma intensidad para los argentinos en Helsinki. Con todo, el país conquistaría cinco medallas en una actuación que superó ampliamente la de las ediciones futuras para lo que restaba del siglo: un oro (remo), dos platas (boxeo y atletismo) y dos bronces (boxeo y levantamiento de pesas).
Muy lejos del numeroso equipo de natación que concurrió a Londres, esta vez sólo siete deportistas compitieron en el natatorio finlandés al aire libre, cuyas aguas se mantenían a 24ºC para contrarrestar el poco apacible ambiente frío a su alrededor. Un veterano de Londres ‘48 encabezaba la lista: el multicampeón Alfredo Yantorno, al que le seguían muchachos de hasta 10 años menos pero con un frondoso historial en la natación argentina y sudamericana: Carlos Bonacich, Orlando Cossani, Pedro Galvao, Federico Zwanck, Marcelo Trabucco y la única dama, una jovencísima y descollante Ana María Schultz. El listado de nadadores que circula por la web también incluye al legendario Carlos Sos y a Roberto Monteverde, pero si en realidad estuvieron presentes ninguno de los dos participó en las competencias.
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El número de pruebas de natación fue el mismo que en Londres 1948, es decir, 6 para hombres y 5 para mujeres. No obstante este nuevo encuentro se llevaría consigo un hito importante: serían las últimas olimpíadas del pintoresco estilo pecho-mariposa. A partir del 1 de enero de 1953 la curiosa técnica de mezclar ambos estilos en una misma prueba y por parte de un mismo nadador fue abolida mediante su separación definitiva a regir de ahí en más en toda competencia futura. Por un tiempo se disputaron carreras de 200 m pecho (el estilo “clásico”) y de 100 m (mujeres) y 200 m (hombres) mariposa con patada delfín, tal como lo conocemos hoy. A partir de México 1968 se unificaron las distancias para hombres y mujeres, por lo que hasta hoy cada sexo participa en 100 y 200 m, tanto en pecho como en mariposa.
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Repasemos brevemente los nombres y las actuaciones de los nadadores argentinos que compitieron en Helsinki 1952.
Ya desde fines de los ‘40 este fondista nacido en 1931 venía logrando notorias actuaciones en torneos locales. En el Campeonato Sudamericano de 1949 celebrado en Lima, Perú, su performance quedó para la posteridad. Ganó los 400, 800 y 1.500 metros libre, empleando 4:52.3, 10:12.4 y 19:37.6 respectivamente, las dos últimas marcas aún vigentes para la época de los JJ.OO. de Helsinki, si bien los 800 m fueron desde entonces suprimidos del programa de los Sudamericanos y en las olimpíadas nunca se disputaron para hombres.
En los Nacionales de Primera Categoría de 1951, selectivos de los primeros Juegos Panamericanos, Bonacich peleaba palmo a palmo con otros fondistas que aparecieron desafiantes en los cubos de partida: Federico Zwanck, Hugo Sors y en especial el rosarino Jorge Vogt, que nunca llegaría a una olimpíada pero sería una gran atracción en futuros Sudamericanos y Panamericanos a lo largo de los años ‘50.
Un gran empuje para Helsinki fueron precisamente los I Juegos Panamericanos celebrados en Buenos Aires entre febrero y marzo de 1951, donde Bonacich conquistó el bronce en el relevo de los 4×200 m libre, integrado además por Vogt y los igualmente notables César Guardo y Pedro Galvao.
Una sola prueba fue de la que Bonacich formó parte en Helsinki: los 400 m libre, en la que también participaron Yantorno y Zwanck, como veremos más abajo. Bonacich corrió en la 5º de las ocho series de eliminatorias, disputadas el 28 de julio, pero finalizó en cuarto lugar con 5:06.3, marca sumamente alejada de su propio record sudamericano y, por ende, de la semifinal. Dicha prueba sería ganada por el francés Jean Boiteux, que estableció un nuevo record olímpico con 4:30.7.
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Orlando Cossani
Oriundo de Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos, donde nació en 1932, Cossani fue otro de los grandes cultores nacionales del curioso estilo pecho-mariposa, prosiguiendo la senda trazada por gloriosos antecesores como Carlos Sos y el cordobés Carlos Espejo Pérez. Su impronta en las aguas ya se registra al despuntar los ‘50, y como integrante del legendario relevo de entonces, los 3×100 m 3 estilos, junto a Pedro Galvao (espalda) y César Guardo (libre) se llevaría la medalla de plata en los I Juegos Panamericanos de Buenos Aires en 1951.
Como este relevo nunca integró el programa olímpico, en Helsinki Cossani participó únicamente en los 200 m pecho, si bien era por entonces campeón sudamericano de la especialidad en los 100 m, prueba no olímpica por entonces. Quedó segundo en la 3º serie de eliminatorias, disputadas el 31 de julio, con 2:39.6. Sin embargo, un séptimo lugar en la primera ronda de semifinales (2:43.1) corridas en el transcurso del mismo día le impidió seguir avanzando. El oro de los 200 pecho quedó en manos del australiano John Davies, que marcó record olímpico con 2:34.4.
Tras la separación de los estilos pecho y mariposa en 1953, Cossani se dedicó a este último, prosiguiendo una brillante carrera durante los ‘50 con notorias performances en torneos nacionales, en los Panamericanos de 1955 celebrados en México (el relevo 4×100 m 4 estilos integrado por Galvao, Domínguez Nimo, Cossani y Zwanck se llevó la medalla de plata) y en el Sudamericano de Viña del Mar, Chile, en el verano de 1956.
Lamentablemente este gran campeón ya no está entre nosotros: Cossani murió en marzo del 2004, a los 71 años.
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Pedro Galvao
Niño prodigio de la natación nacido en 1934, Galvao ya se destacaba en los Nacionales de Menores y Cadetes del verano del ‘47. Excelente espaldista llamado a seguir el camino de sus antecesores Campins y Chaves, sus incursiones en estilo libre no le impidieron posicionarse en lugares de privilegio, tanto en 100 y 200 m individuales como en calidad de integrante del relevo de los 4×200 libre, pruebas que en el futuro le conferirían el título de campeón sudamericano en más de una oportunidad.
Los primeros Panamericanos de 1951 lo vieron tres veces en el podio: fue medalla de plata en los 100 m espalda y en el relevo 3×100 m 3 estilos (Galvao, Cossani, Guardo) y medalla de bronce en el 4×200 m libre (Vogt, Guardo, Galvao, Bonacich).
Con estos antecedentes, las chances de llegar a una final en Helsinki le eran favorables y así fue. Galvao repitió el intento en sus dos pruebas clave, 100 m espalda y el relevo 4×200 libre, con resultados más que satisfactorios que le confirieron la mejor actuación del equipo argentino de natación.
Ganó la 2º serie de eliminatorias de los 100 espalda, disputadas el 31 de julio, con 1:08.1. Su tercer lugar en la primera semifinal (1:07.9) le aseguró un andarivel en la final del día siguiente. Prueba peleada palmo a palmo entre los 8 competidores y definida en los últimos centímetros, le otorgó a Galvao un 5º puesto en que siguió mejorando su marca: 1:07.7. Yoshinobu Oyakawa, de Japón, se llevó el oro y el record olímpico con 1:05.4.
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Tres días antes Galvao había llegado a otra final olímpica junto a Zwanck, Trabucco y Yantorno en el relevo 4×200 m libre, cuyos detalles ampliaremos más abajo.
En los años subsiguientes el prestigio de este joven valor siguió en ascenso, particularmente en los Nacionales de 1954 cuando los 1:04.3 en los 100 espalda lo ubicaron en tercer lugar del ranking mundial y a tan sólo 1 segundo del record mundial. Su desempeño en crol y en especial en el relevo de los 4×200 libre lo hicieron candidato seguro para las olimpíadas de Melbourne de 1956. Sin embargo, como tantas otras tristes historias del deporte amateur argentino, no habría representantes de la celeste y blanca en la piscina de Melbourne.
Sin duda, hablar de Pedro Galvao es referirse a uno de los más notables nadadores argentinos de todas las épocas.
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Ana María Schultz
Única dama y la menor del equipo de nadadores (nacida en 1935), la sensacional librista del club San Lorenzo de Buenos Aires llegaría a Helsinki con antecedentes de excepción.
En los Nacionales de Primera celebrados a comienzos de febrero de 1951 Schultz defendió su record sudamericano de los 200 libre (2:29.2 en 1950) con sus rivales Eileen Holt y Ema Grondona… para asegurarse cómodamente el primer puesto al promediar la última pileta y con una discreta marca de 2:34.2.
Días después, para los Panamericanos de Buenos Aires, esta adolescente ya se había colgado al cuello una verdadera colección de medallas de todos los colores. Conoció el oro gracias a sus triunfos en los 200 y 400 m libre; saboreó la plata como integrante de sendos relevos 3×100 3 estilos (Del Roscio, Otero Rey, Schultz) y 4×200 libre (Kujath, Grondona, Holt, Schultz, equipo que llegaría al record sudamericano al año siguiente); conquistó el bronce con los 100 m libre. Toda una hazaña que la convirtió a esta niña en auténtica estrella de los primeros Panamericanos.
En Helsinki 1952, descartada la posibilidad de competir en el relevo que tantas satisfacciones le había otorgado, Schultz participó en las dos pruebas de estilo libre disponibles para mujeres en esos momentos: los 100 y 400 m. De hecho, los 100 m parecían constituir una flaqueza para la representante rojiazul y esa tendencia se reiteró en la piscina olímpica. Fue tercera en la 6º serie de eliminatorias del 26 de julio con 1:10.6 y no pudo avanzar más. El oro de los 100 libre quedó en poder Katalin Szöke, integrante del equipo húngaro de natación que tanto daría que hablar en esas olimpíadas. Lo curioso es que la marca de Szöke (1:06.8) estuvo por encima del record olímpico establecido por su compatriota Judit Temes en la 3º serie de eliminatorias, con 1:05.5. Irónicamente, a pesar de su record previo, la agotada Temes finalizaría con medalla de bronce (1:07.1) a apenas una décima de la holandesa Johanna Termeulen, medalla de plata.
En los 400 libre la suerte de Schultz viró positivamente. La entonces poseedora del record sudamericano (5:14.6 en 1950) ganó la 1º serie de eliminatorias con 5:26.1 y estableció su mejor marca de las olimpíadas en la primera semifinal (5:22.0) quedándose con el tercer puesto y con un lugar en la final del 2 de agosto. Las señales de debilitamiento se hicieron notar con su 7º lugar y su marca de 5:24.0. El oro fue para la húngara Valéria Gyenge, con un nuevo record olímpico de 5:12.1.
A lo largo de gran parte de los ‘50 Schultz siguió con su cosecha de records y medallas, coronando la excepcional carrera deportiva de una de las más encumbradas figuras de la natación nacional femenina.
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Marcelo Trabucco
Representante del Club Universitario de Buenos Aires (CUBA) que ya desde su época de nacimiento, en 1934, cobijaba a grandes valores de la natación local, Trabucco fue otro de los muy jóvenes velocistas del equipo olímpico de Helsinki.
Con el antecedente de su record sudamericano en el relevo 4×200 m libre junto a Galvao, Zwanck y Yantorno (8:48.8 en 1952), Trabucco participó en esta prueba y en los 100 m libre.
En la individual resultó cuarto en la 7º serie de eliminatorias, con 1:01.5, tiempo que le impidió pasar a la semifinal. Las eliminatorias para el relevo tuvieron lugar dos días después, el 28 de julio. El equipo constituido por Zwanck, Trabucco, Galvao y Yantorno se ubicó en la tercera posición de la 3º serie; sus 8:59.3 le aseguraron directamente un puesto en la final. Esta se desarrolló al día siguiente, oportunidad en que el mismo equipo finalizó en octavo lugar con 8:56.9. El oro correspondió a los norteamericanos Wayne Moore, William Woolsey, Ford Konno y James McLane, que fijaron el nuevo record olímpico en 8:31.1. Muy cerca quedaron los japoneses con la medalla de plata y a mayor distancia el equipo francés.
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Alfredo Yantorno
Ya hemos hablado antes a este impresionante exponente de la natación argentina de los años ‘40, que junto a su contemporáneo José María Durañona se hizo acreedor al Diploma al Mérito de los Premios Konex 1980 en la categoría Natación en reconocimiento a su brillante trayectoria. Nacido en 1924, Yantorno ya no sólo era “veterano” frente al resto del equipo de nadadores locales que concurrió a Helsinki, sino que también venía con la experiencia de una olimpíada previa.
Sus antecedentes de leyenda no quedaban atrás: en el Sudamericano de 1947 en Buenos Aires, Yantorno había conquistado todas las medallas de oro en su especialidad de semifondo, pero también en las carreras rápidas: los 100, 200, 400 y 800 m libre. Para la época olímpica de 1952 sus compañeros más jóvenes Galvao y Bonacich se habían quedado con los records sudamericanos de algunas de esas pruebas, pero Yantorno aún conservaba el cetro en los relevos 4×100 m y 4×200 m libre.
En Helsinki compitió en dos carreras, los 400 m libre y el relevo 4×200 libre. Este último, integrado además por Galvao, Zwanck y Trabucco tuvo el privilegio de llegar a la final. En los 400 libre Yantorno compitió en la 7º serie de eliminatorias -que sería ganada por el brasilero de origen japonés Tetsuo Okamoto- quedando en 4º lugar con 4:54.5 y fuera de la semifinal pero, al igual que en Londres 1948, registrando el mejor tiempo de todos los argentinos que participaron en la misma prueba.
De hecho Yantorno ya no repetiría por entonces sus grandes hazañas de los ‘40, sino más bien acariciaba un merecido retiro al borde de los 30 años, cuando un cúmulo de nuevas figuras arreciaba en las piscinas locales. Sin embargo, su nombre permanecerá por siempre ligado al estigma de los grandes.
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Federico Zwanck
Cordobés nacido en 1934, Zwanck es otro de los grandes libristas de la natación local que ya se destacaba a comienzos de los ‘50 y se consideraba integrante casi obligado del equipo nacional de relevos de los 4×100 y 4×200 m libre.
Poco antes de las olimpíadas de Helsinki el team conformado por Zwanck, Galvao, Guardo y Yantorno era poseedor del record sudamericano de la posta 4×100 libre con 4:01.4 (1952). Por su parte, también la 4×200 libre nacional era dueña del sudamericano, de la mano de Galvao, Zwanck, Trabucco y Yantorno, equipo que estaría presente en Helsinki para intentar un nuevo record. No obstante, según lo apuntado, los 8:56.9 logrados por el mismo en esa ocasión quedaron muy lejos de su propia marca.
En el plano individual del escenario olímpico Zwanck participó en los 100 y 400 m libre, aunque en ambas no pudo llegar a la semifinal. Tampoco era sencillo lograrlo: ambas pruebas convocaron a no menos de 50 nadadores cada una. Zwanck fue cuarto en la 4º serie de eliminatorias de los 100 m, igualando su marca de 1:01.2 con el brasilero Haroldo de Melo Lara. En los 400 m fue quinto en la 3º serie, con 4:56.4. El oro de los 100 m fue para el norteamericano Clark Scholes (0:57.4) mientras que para los 400 m, como ya lo mencionamos, fue para el francés Jean Boiteux, que estableció record olímpico.
Las siguientes buenas actuaciones de Zwanck en años posteriores le valieron su selección para el luego frustrado equipo argentino de natación de Melbourne 1956.
En su vida más allá de las competencias nos enteramos de que Zwanck es Químico egresado de la Universidad de Buenos Aires, que está radicado en España donde es un exitoso empresario, y que uno de sus cinco hijos, Adriana, es una destacada golfista en Arizona, Estados Unidos. Evidentemente, el deporte sigue en la familia.










26 Abril 2009 at 15:12
Me ha gustado el cariz de historia de la natación que das a este artículo. El título de “Nadar entre recuerdos”, también conecta de algún modo con mis planteamientos y mis recuerdos.
http://mirantmar.blogspot.com/2009/03/la-natacion.html
En la natación soy viejo y nuevo a la vez, siempre he nadado pero nunca de manera continuada. Hoy día llevo ya dos meses y espero seguir, me ha enganchado.