Club Instituto Atlético Central Córdoba

IACC Parte III: Bitácora de nado (Primera nota)

.

Después de meses rememorando a grandes nadadores de ayer y siempre, tanto nacionales como internacionales, bueno… volvamos un poco a los propios recuerdos de mi vida en el agua… mientras los recuerde… ¿No había quedado algo en el tintero al respecto?

Sí! Mis años de concurrencia al IACC… que no fueron pocos. Bien, veamos qué memorias aparecen de mi lejana época de estudiante…

divisor.gifTras un “Breve paso por el ‘Tabo‘” allá a mediados de los ‘80, el siguiente natatorio de mi vida fue el club Instituto. Como habitante fiel al barrio Alta Córdoba, incluso hasta el día de hoy -aunque si algún viajero en el tiempo pudiera regresar a esa fecha apenas sería capaz de reconocer el tranquilo barrio que era entonces- pronto caí en la cuenta de que tenía un estadio de fútbol y un club completo con dos piletas a tan sólo ocho cuadras de mi casa. De hecho, lo del estadio de fútbol era anecdótico: en realidad mi interés se centraba pura y exclusivamente en las piletas.

Ya descriptas oportunamente, ambas piscinas se hacían eco de todos los gustos y necesidades de sus usuarios: una corta; la otra larga; una orientada de norte a sur; la otra de este a oeste; una cubierta, la otra al aire libre. Como mi debut en Instituto fue en octubre del ‘85, es natural que mi primer contacto con aguas rojiblancas fuera en la pileta corta, es decir, la cubierta. Fiel también a mis horarios vespertinos para una práctica que ya entonces llevaba diez años consecutivos, llegué al natatorio alrededor de las 7 de la tarde. Bullicio total. Como cabal reiteración del escenario que había vivido hasta entonces, la distribución de andariveles seguía un patrón que ya me conocía de memoria: el equipo de competición se adueñaba de las 3/4 partes de la pileta, otro poco quedaba para la enseñanza de niños y siempre algún lugar sobraba para los socios… lo más probable, los odiados andariveles contra la pared. Pero bueno, era mejor que nada.

Tribuna de la pileta cubierta

Tribuna de la pileta cubierta

Un detalle saltó a la vista en cuanto me sumergí en esas aguas no muy tibias ni tampoco muy cristalinas: por primera vez en años, más concretamente desde mis tiempos en la pileta “mediana” de Gimnasia y Esgrima de Santa Fe, tomaba contacto con una pileta de fondo plano, sin escalón, que no se hundía en insondables abismos como la del Taborín o, la campeona absoluta, la del Ateneo Inmaculada… Tampoco había azulejos, ni en la pared ni en el fondo, por lo que, más allá de las reglamentarias línea negra y las “T” cercanas al borde, había necesariamente que buscar puntos de referencia para no convertir el nado prolongado en una maniobra tediosa. Muy pronto los encontré no dentro de la pileta, sino más bien en la tribuna, la que bordeando la totalidad del flanco oeste del natatorio ofrecía grandes atractivos: desde nadadores, aprendices y padres allí sentados hasta bolsos, toallas y demás enseres de todos los colores que mucha gente dejaba sobre las escalinatas.

Por aquel entonces se accedía al natatorio cubierto por una entrada frente a la cabecera este de la pileta olímpica (ver foto de abajo), se atravesaba el pasillo a lo largo de la tribuna y a la par del andarivel 6, y finalmente a mano izquierda se accedía mediante una puerta de doble hoja a un hall corto y ancho que hacia la derecha conducía a dos baños, el vestuario de damas y el de caballeros, todos contiguos. Los vestuarios eran simples, vetustos y con infraestructura deficiente. El de damas era un salón no muy grande, que sólo tenía una pequeña tarima de hormigón a lo largo de una de las paredes para apoyar los bolsos, un baño y un sector de duchas colectivas, sin cortina, con capacidad para tres o cuatro personas. Eso era todo. Si querías privacidad no quedaba otra que cambiarte dentro del baño: al menos este tenía una puerta de chapa… No creo recordar siquiera que hubiera un espejo en todo el recinto!

divisor2.gifA medida que el verano se iba a acercando, el club hizo saber que entraría en funciones la pileta olímpica. Ciertamente para mí era todo un acontecimiento! Nadar en una piscina de 50 metros era (y aún es) una experiencia que sólo tuve dos veces: la vivida en la de la Toma Vieja de Paraná -bueno, si es que a eso puede llamársele “nadar”, ya que sólo fue un chapuzón en medio de unas 100 personas- y esta en Instituto. Sin embargo, pronto entendí que en Instituto casi volvería a vivir esa frustrada experiencia de Paraná. Está bien: uno piensa que en un millón y pico de litros de agua hay espacio más que suficiente para nadar… siempre y cuando dicho espacio no se encuentre abarrotado de gente que lo que menos pretende es ponerse a nadar. Chicos que se sumergían desde y en cualquier lado sin fijarse si uno andaba por allí cerca; jovenzuelos cuyo encuentro en la pileta era más para presumir que para hacer deporte; otros que concurrían para tomar sol en el pasto y de vez en cuando chapotear un poco en el agua…

Pileta olimpica de IACC. La flecha amarilla muestra el antiguo acceso al natatorio cubierto

Pileta olimpica de IACC. La flecha amarilla muestra el antiguo acceso al natatorio cubierto

Bueno, no seamos aguafiestas: cada cual concurre a una piscina veraniega con propósitos diversos. Pero los que concurríamos para ir a nadar nos enfrentábamos con un problema: no se podía nadar! Recién a partir de las 7 de la tarde, cuando los menores de 14 años eran desalojados de la pileta, la tranquilidad volvía en parte a reinar. Pero los jovencitos seguían, y sin andariveles y sin nadie que ordenara la actividad de los muchos que quedábamos en el agua, era difícil coordinar brazadas. Muchas, pero muchas veces me encontré nadando la pileta a lo ancho en sectores donde por fin podía encontrarse un claro para trabajar con tranquilidad. Pero… para eso quería una pileta de 50 metros??

Cabe preguntarse además… ¿y el equipo de competición? Por entonces el equipo de competición seguía entrenando en la pileta cubierta. Un día me ocurrió el relevante acontecimiento de llegarme hasta la pileta cubierta, ver un andarivel que el equipo no ocupaba y lanzarme feliz para recorrer la pileta como yo quería. No habré hecho ni 200 metros cuando ya tenía un encargado del club esperándome en la cabecera sur. Me hizo saber que los “socios” -como si esto fuera una casta inferior- no podían permanecer en esa piscina, ya que era de uso exclusivo del equipo de competición, y que por lo tanto yo debía regresar a la pileta de verano. “¿Y a hacer qué?”, le pregunté. Silencio. Al club no le interesaba que un “socio” tuviera deseos de nadar como se debe.

Anochecer en la cabecera oeste de la pileta olimpica

Anochecer en la cabecera oeste de la pileta olimpica

A lo largo de mis siete veranos en Instituto tuve que conformarme con la idea de nadar poco y mal (en 1990 y 1991 ni siquiera fui) mientras reservaba lo mejor para el invierno. Nunca pude entender por qué en un club que poseía infraestructura para la natación durante todo el año tuviera que ser tan “selectivo” acerca de quién podía nadar en verano y quién, con los mismos deseos, tenía que bancarse una piscina abarrotada de gente que sólo concurría para esparcimiento. Porque pagar… yo pagaba, eh… Incluso cuotas con un tremendo incremento mensual, ya que estábamos en plena época de la brutal hiperinflación que los mayores de 35-40 recordarán de la presidencia de Alfonsín. Por ende, algún derecho de libre elección debíamos tener. Pero bueno, los clubes son así, más aún estos cuyo prestigio local, nacional e incluso internacional gira en torno a un deporte que nada tiene que ver con la natación.

divisor.gif

Por eso el período de Instituto más fructífero y de hecho muy prolífico para mí fue siempre entre abril y noviembre de 1986-1992. Y aunque la pileta corta siempre era compartida con mucha gente (especialmente chicos y jóvenes nadadores) había orden y cierta disciplina que hacía tolerable la práctica.

El paso del tiempo me impide recordar la gente que conocí en la pileta en esa época, aunque la simpatía de Elba, la ticketera y ocasional encargada del vestuario, y de Sosa, el piletero de entonces, son detalles que no se olvidan.

Como tampoco me olvido de otras dos caras fuertemente vinculadas con el deporte que amamos. Una era la entrenadora del equipo de competición de entonces, Mónica Gale, una instructora con garra y suma dedicación que había hecho del equipo un fuerte candidato a la copa de cuanto torneo se disputara en la época. Mónica imponía disciplina cuando había que hacerlo y mimaba a sus nadadores cuando también tenía que hacerlo. En todo momento me pareció una excelente entrenadora, recuerdo que intercambiamos algún que otro diálogo y siempre nos saludábamos.

bsosa

Bochi Sosa, un grande que hoy todos conocen

Fue también en Instituto donde ví por primera vez al luego reconocido Héctor “Bochi” Sosa. Como ya todos lo saben, Bochi fue el entrenador de Georgina Bardach mientras ella residió en Córdoba, y a ambos se debe principalmente el milagro de Georgina en las Olimpíadas de Atenas 2004. Lo que no recuerdo era la función de Bochi en la pileta de Instituto. En la web de Alejandro Lecot, Bochi comenta que fue nadador a las órdenes de Mónica, pero que partió hacia Bucor en 1984. Sin embargo, yo lo ví en Instituto desde 1985… y más tarde volvería a encontrarlo en Bucor, incluso hasta después de su hazaña en Atenas, como instructor del “temible” grupo del turno de las 14 hs de los lunes, miércoles y viernes. Siempre un “hola, ¿cómo estás?” y algún diálogo rápido fue lo que intercambiamos con Bochi. Un gran recuerdo. Mil gracias Bochi, por tu visita a este blog!!!!

De los nadadores tengo bien presentes, por su impecable estilo mariposa (y también crol) a los hermanos Carlos y Eduardo Stemberg. Eran adolescentes en mi época, pero brillantes los dos. Emigrados posteriormente al Club Universitario, tuvieron una gran actuación en los Campeonatos Argentino y República edición 1995 que rememoramos oportunamente en Andarivel 4. Tiempo después volvería a encontrar a Carlos también como profesor en Bucor, ya sea de grandes como de chicos… y hasta de bebés! Tanto Carlos como Eduardo han seguido en carrera como nadadores Master e incursionado en aguas abiertas hasta no hace mucho, ganando, uno u otro, varias ediciones del Gran Cruce del Frontal, en Santiago del Estero..

Continúa aquí

divisor2.gif

Enlaces relacionados en este blog:

.