La natación argentina en las Olimpíadas de Londres 1948
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Se terminó la natación en Beijing 2008. Del Cubo de Agua salió una catarata de records mundiales y emergió un nuevo Mark Spitz, ahora con otro nombre y apellido, cuyo rostro hoy captura todos los medios de difusión a lo largo y ancho del mundo… y desplaza al viejo Mark fuera del pedestal olímpico en el que reinó incólume durante nada menos que 36 años!
Ya se piensa en Londres 2012 y en el futuro que a los nadadores argentinos les espera en estos próximos cuatro años. ¿Surgirá un nuevo José Meolans? ¿Se recuperará Georgina Bardach? Futuro en sombras…
Pero no nos vayamos a Londres 2012. ¿Qué tal si volvemos a Londres 1948… y mientras aún titila la llama olímpica en Beijing recordamos a los argentinos que nadaron en la Empire Pool, allá lejos y hace tiempo? ¿A aquellos que a pesar de su gran talento y esfuerzo tampoco trajeron medallas?
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Mirando el retrospectiva, los JJ.OO. de Londres 1948 representaron el renacimiento del espíritu olímpico. Doce años habían transcurrido desde las últimas Olimpíadas de Berlín, en la Alemania nazi de 1936. Una guerra mundial entre medio y pueblos devastados que debieron resurgir de sus cenizas -como el viejo imperio japonés- no impidieron la convocatoria que sí había desaparecido del calendario olímpico en 1940 y 1944. Una alicaída Londres fue el epicentro y allí confluyeron más de 4000 atletas de todo el mundo para demostrar que la guerra podrá separarnos, pero nunca el deporte bien entendido.
La delegación argentina en Londres fue la más numerosa hasta entonces y una de las más prolíficas hasta el momento: unos 250 deportistas. Eran épocas en las que la bandera celeste y blanca acostumbraba a conquistar medallas de oro: pocas, pero frecuentes. Londres 1948 representó para la Argentina tres medallas de oro, tres de plata y una de bronce, lo que la ubicó, en una de sus mejores actuaciones hasta el momento, en el 13º lugar entre 59 países participantes. Nada mal.
Los 17 nadadores que concurrieron (12 hombres y 5 mujeres) eran todas figuras prominentes, poseedores de records argentinos y sudamericanos, tapa reiterada de la revista “El Gráfico” desde principios de los ‘40.
Claro que nadar y competir en esa época tenía sus bemoles. No había sponsors deportivos y marcas como Adidas, Nike, Arena o Speedo aún distaban de ser siquiera populares. No existía ningún sofisticado Cubo de Agua con los últimos adelantos de la tecnología; por el contrario, los natatorios eran al aire libre, expuestos al sol y a las inclemencias del tiempo. No existían piscinas separadas para natación y saltos ornamentales; todo se hacía en la misma pileta que, demás está decirlo, contaba con profundidades marcadamente irregulares. No se contaba con paneles de toque, chicharras electrónicas o andariveles rompeolas. No se acostumbraba a utilizar la clásica “vuelta americana” (flip-turn) que sería definitivamente adoptada durante los ‘50. No se usaban antiparras, ya que se permitieron recién a partir de Montreal 1976 y sólo las mujeres llevaban gorro, usualmente abrochado en el cuello… Pero en 1948 los hombres introdujeron una novedad: les dijeron adiós a las mallas enterizas, tan propias de los años ‘20 y ‘30, para comenzar a nadar con el torso desnudo luciendo solamente pantalones cortos y ajustados que, una década después, evolucionarían hacia el slip, cuyo reinado se extendió hasta fines de los ‘90.
El número de pruebas de la natación olímpica de la época sorprendía por su brevedad: se disputaban apenas 11 (6 para hombres y 5 para mujeres) y no existía el estilo mariposa tal como lo conocemos hoy, sino un “pecho-mariposa”, algo así como mariposa con patada pecho, mezcolanza que alguna vez practicamos en nuestra juventud más temprana y que actualmente no se les enseña ni a los perritos. Si contemplamos las 32 pruebas olímpicas (16 para hombres y 16 para mujeres) que se vienen celebrando desde Atlanta 1996, más las dos de aguas abiertas incorporadas en Beijing 2008, comprenderemos lo poco que se disfrutaba de la natación por entonces, aunque siempre ha sido uno de los deportes estrella de toda olimpíada.
Ninguno de los 17 nadadores argentinos que se zambulleron en la Empire Pool, piscina privada de 50 m y alquilada especialmente para los Juegos, conquistó medalla alguna, pero muchos no sólo pasaron a las semifinales, sino también a la final. Justo es recordarlos uno por uno, así que veamos, en orden alfabético, quiénes eran, en qué carrera/s participaron y en qué posición quedaron en la clasificación final.
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César Benetti Aprosio
Nadador rosarino que participó en la tercera serie eliminatoria de los 200 m pecho. Su tiempo de 3:00.6 lo ubicó en el quinto lugar alejándolo de la semifinal. El oro de esa prueba se lo llevó el norteamericano Joseph Verdeur, que estableció record olímpico con 2:39.3.
Clasificación en la general 200 m pecho: 26º (de 32 nadadores participantes).
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Adriana Camelli
Fue campeona sudamericana de los 100 m pecho a mediados de 1946. No obstante, en las olimpíadas participaría únicamente en pruebas de estilo libre: 100 m libre y el relevo 4 x100 m libre. En la segunda serie de los 100 m quedó sexta, con 1:16.5. La ganadora de la final fue la dinamarquesa Greta Andersen que se impuso con 1:06.3. Vale destacar que Andersen sería una futura estrella de aguas abiertas que, ya radicada en Estados Unidos, se convertiría en la primera mujer en ganar la clásica maratón Santa Fe-Coronda en su primera edición (1962).
En el relevo 4×100 libre Camelli integró el equipo junto a sus compañeras Enriqueta Duarte, Liliana Gonzalias y Eileen Holt. Se ubicaron en el 5º lugar de la primera serie con 4:59.5, aventajando sólo al equipo canadiense. Las norteamericanas Marie Corridon, Thelma Kalama, Brenda Helser y Ann Curtis ganaron con record olímpico en 4:29.2, seguidas por las representantes de Dinamarca (medalla de plata) y Holanda (medalla de bronce).
Clasificación en la general 100 m libre: 33º (de 34 nadadoras participantes); relevo 4×100 m: 10º (de 11 equipos participantes)
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Augusto Cantón
Librista de gran actuación en los 200 m pocas semanas antes de las Olimpíadas. Compitió en 100 m libre y en la primera serie de eliminatorias del relevo 4×200 m libre, única prueba de relevos para los hombres y que ya contara con grandes antecedentes en la natación argentina. La foto debajo corresponde a la segunda serie de los 100 m. Cantón va por el andarivel 4 y, tal como vemos, quedaría quinto (1:01.8) y fuera de la semifinal.
En el relevo tendría mejor suerte. El equipo compuesto por Cantón, José M. Durañona, Juan C. Garay y Alfredo Yantorno clavó el cronómetro en 9:16.9, quedó en tercer lugar en la primera semifinal y pasó cómodamente a la final. Sin embargo, Cantón no sería de la partida en la final, ya que fue reemplazado por Horacio White.
Clasificación en la general 100 m libre: 24º (de 41 nadadores participantes); relevo 4×200 m: no corrió en la final.
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Mario Chaves
Tal vez el mejor espaldista argentino de los años ‘40 y dueño de un depurado estilo, Chaves sobresalía en 200 y 400 m espalda.
En Londres participó únicamente en la distancia más corta, los 100 m espalda, y obtuvo la actuación más brillante de todo el equipo de natación.
Fue segundo en la tercera serie de eliminatorias (1:09.7) y terminó quinto en la primera semifinal, con un tiempo de 1:09.8 que le alcanzó para llegar a la tan ansiada final. No se llevó el bronce por poco: en la final empató el cuarto puesto con el mexicano Clemente Mejía Ávila (1:09.0) en una carrera que debe haber sido memorable.
El oro fue a parar en manos de otro norteamericano, Allen Stack (1:06.4), la plata para su compatriota Robert Cowell (1:06.5) y el bronce para el francés Georges Vallerey (1:07.8).
Clasificación en la general 100 m espalda: 4º (de 39 nadadores participantes).
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Enriqueta Duarte
Una gran dama de promisorio futuro en la natación argentina y que poco después se convertiría en toda una pionera en pruebas de aguas abiertas. En Londres tomó parte de los 100 y 400 m libre y en el relevo 4×100 libre, si bien en ninguna competencia tuvo una gran actuación. Resultó séptima en la tercera serie de los 100 m, aunque su 1:14.9 la ubicó mejor que Adriana Camelli, que había corrido en la serie anterior. En los 400 libre también fue séptima en la 1º serie, empleando 6:14.4 para nadar las 8 piletas. Y el relevo 4×100 ya vimos que quedó en poder del equipo norteamericano.
La gran trascendencia de Duarte llegaría en agosto de 1951 cuando se convirtió en la primera mujer argentina en conquistar el temible Canal de la Mancha con un tiempo de 13 horas y 26 minutos. Pero eso no sería todo: en marzo de 1963 Duarte volvió a la carga, esta vez para cruzar el lago Nahuel Huapi (provincia de Río Negro, Argentina) y convertirse en el primer ser humano en atravesar sus heladas aguas. Todo un símbolo. Por el momento no dispongo de fotos de esta nadadora en esa época, pero hay una actual -y un simpático comentario- que nos ofrece aquí el amigo Mauro Charvey, de Natación Rosario Master.
Clasificación en la general 100 m libre: 30º (de 34 nadadoras participantes); 400 m libre: 18º (de 19 nadadoras participantes); relevo 4×100 m: 10º (de 11 equipos participantes)
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José María Durañona
Descollante nadador durante toda la década del ‘40, que ya venía asomando allá por 1938 y es por eso que en un próximo post le dedicaremos más espacio.
En Londres 1948 participó en los 400 m libre y en el relevo 4×200 libre. No obstante su actuación individual no estuvo a la altura de lo que se esperaba de él en función de sus brillantes antecedentes y de la prensa que tenía a su alrededor: terminó cuarto en la segunda serie de los 400 m con 5:05.8 y no pudo entrar en la semifinal.
En el relevo su suerte mejoró… y bastante. El equipo integrado por Cantón, Durañona, Garay y Yantorno tuvo una destacada actuación en la primera serie de la 4×200 al conquistar el tercer lugar con un buen tiempo de 9:16.9, lo que les significó un pasaporte para la final. Por algún motivo Cantón fue reemplazado por Horacio White y así corrió en la final la posta argentina. Lástima que quedaron lejos de igualar o mejorar su tiempo de eliminatorias: un sexto lugar, con 9:19.2 los alejó del podio, pero al menos los ubicó por delante de México (7º) y Brasil (8º). Los norteamericanos Walter Ris, James McLane, Wallace Wolf y William Smith fijaron record olímpico y mundial en 8:46.0, seguidos por Hungría (plata) y Francia (bronce).
Clasificación en la general 400 m libre: 20º (de 39 nadadores participantes); relevo 4×200 m: 6º (de 14 equipos participantes)
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Carlos Espejo Pérez
Pechista cordobés de notable trayectoria que allá por enero de 1947 conquistó el record sudamericano de los 200 m pecho en 2:40.8.
En la foto de “El Gráfico” lo vemos braceando mariposa y, tal como dijimos, ese era, efectivamente, el “estilo pecho” anterior a los años ‘50, una mezcla del pecho y mariposa actuales.
En las olimpíadas, no obstante, Espejo quedó muy lejos de su propio record: fue tercero en la segunda serie de los 200 m pecho con 2:55.0, si bien con este tiempo aventajaría notablemente a Benetti Aprosio, que corrió en la tercera serie.
Pero al igual que Durañona, fue un caso para lamentar: de haber mantenido el tiempo empleado para su record sudamericano hubiera estado muy cerca del estadounidense que se llevó la medalla de oro, el cual estableció record olímpico con 2:39.3…
Clasificación en la general 200 m pecho: 19º (de 32 nadadores participantes).
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Juan Carlos Garay
Uno de los grandes fondistas de los ‘40, Garay ya era dueño del record nacional de los 800 y 1500 m libre unos meses antes de las olimpíadas. En esta ocasión volvió a intentar en fondo y semifondo, pero le fue mejor en una carrera rápida. En los 400 m libre quedó quinto en la cuarta serie eliminatoria, con un tiempo (5:10.4) notoriamente relegado respecto de los otros argentinos que también participaron de esta prueba, Yantorno y Durañona. En los 1500 m nuevamente se ubicó quinto en la quinta serie: necesitó 21:33.2 para cubrir las 30 piletas, más de dos minutos por detrás del que subiría a lo alto del podio, el norteamericano James McLane (19:18.5).
Por fin, el 6º puesto en la final del relevo 4×200 libre, junto a White, Durañona y Yantorno mejoró ostensiblemente su performance en Londres.
Clasificación en la general 400 m libre: 24º (de 39 nadadores participantes); 1500 m libre: 31º (de 39 nadadores participantes); relevo 4×200 m: 6º (de 14 equipos participantes)
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Liliana Gonzalias
Otra de las buenas figuras que poco pudieron hacer en las olimpíadas del ‘48. Gonzalias resultó sexta en la tercera serie de los 100 m espalda con 1:26.9, lo que la alejó completamente de la semifinal. En su otra carrera, el relevo 4×100 libre junto a Duarte, Camelli y Holt, quedó en el quinto lugar de la primera serie.
Clasificación en la general 100 m espalda: 24º (de 24 nadadoras participantes); relevo 4×100 m: 10º (de 11 equipos participantes).
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Eileen Holt
Mucho se venía hablando de esta nadadora de primera línea, que seguiría con su impecable carrera hasta bien avanzados los ‘50, y que en marzo de 1946 ya ostentaba el record nacional de los 100 m libre. En Londres Holt participó en los 100 y 400 m y en el relevo 4×100.
En los 100 m libre registró el mejor tiempo de las nadadoras argentinas que también corrieron (Camelli y Duarte) pero no le alcanzó para la semifinal: fue quinta en la primera serie, con 1:12.0.
Como integrante del relevo (Duarte, Gonzalias, Camelli y Holt) recordemos que no llegó a la semifinal, pero en los 400 m le ocurrió algo curioso. En la tercera serie eliminatoria de esa prueba el primer puesto fue compartido con 5:30.0 entre la norteamericana Brenda Helser y la brasilera Piedade Coutinho Da Silva Tavares. Como la dinamarquesa Andersen abandonó la carrera y por ende no clasificó, Holt, que había cronometrado 5:44.9, pudo pasar al sexto puesto y así asegurar su presencia en la semifinal. Sin embargo no logró ir más allá: quedó última en la segunda serie de semifinales con un peor tiempo (5:52.4). La ganadora del oro fue la norteamericana Ann Curtis, que marcó record olímpico con 5:17.8.
Clasificación en la general 100 m libre: 22º (de 34 nadadoras participantes); 400 m libre: 14º (de 19 nadadoras participantes); relevo 4×100 m: 10º (de 11 equipos participantes).
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Adolfo Mancuso
Buen fondista de actuación deslucida: quedó quinto en la primera serie de su única carrera, los 1500 m libre, con 21:16.7 y aunque le fue mejor que a Garay en otra serie de la misma prueba, le faltó una enormidad para acceder a la semifinal.
Clasificación en la general 1500 m libre: 27º (de 39 nadadores participantes).
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Beryl Marshall
Excelente representante del porteño Hindú Club que ya en el invierno de 1945 ganaba cuanta prueba hubiere en 100 y 200 m espalda y en 400 m libre.
Tentó suerte con su estilo favorito en los 100 m espalda y terminó cuarta en la segunda serie de la prueba con un tiempo de 1:20.9, gracias al cual pudo llegar a la semifinal. Y aunque bajó 2 décimas (1:20.7) fue la última de la primera semifinal.
La ganadora de esa semifinal fue Karen Harup (Dinamarca) que con 1:15.5 estableció record olímpico.
En la final, Harup conquistó el oro y mejoró su marca recientemente establecida con un nuevo record olímpico, esta vez, 1:14.4.
Clasificación en la general 100 m espalda: 14º (de 24 nadadoras participantes).
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Federico Neumayer
Desde fines de los ‘30 Neumayer integraba el poderoso equipo del CUBA (Club Universitario de Buenos Aires) destacándose en estilo libre. Más tarde incursionó en espalda y a mediados de los ‘40 el estilo espalda había pasado a ser su especialidad, aunque su técnica, al decir del gran espaldista nacional de los ‘30 Carlos Campins, no igualaba ni mucho menos superaba la de Chaves.
De los tres argentinos que participaron en las eliminatorias de los 100 m espalda, Neumayer obtuvo el segundo mejor tiempo, detrás de Chaves, al terminar en el cuarto lugar de la sexta serie, con 1:11.8. Sin embargo, sólo Chaves pasaría a la semifinal.
Nos preguntamos si este destacado nadador de los ‘40 no es un ascendiente familiar de la multicampeona rosarina de los ‘70 y ‘80, la fondista Andrea Neumayer?
Clasificación en la general 100 m espalda: 19º (de 39 nadadores participantes).
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Dorotea Turnbull
Muy posiblemente la mejor pechista de la década del ‘40, Turnbull ostentaba, a comienzos del año olímpico, el record nacional de todas las distancias que por entonces se corrían en ese estilo: nada menos que los 100, 200, 400 y 500 metros!
La única prueba olímpica de esa especialidad en la época eran los 200 m, tanto en hombres como en mujeres, y en esa prueba Turnbull tuvo una discreta actuación. Fue quinta en la primera serie y su tiempo de 3:12.2 le valió un andarivel en la primera semifinal.
No obstante, quedó afuera de la última instancia al llegar en el séptimo lugar de la semifinal, con 3:14.4.
La medalla de oro fue a parar al cuello de la holandesa Nel Van Vliet, que marcó 2:57.2.
Clasificación en la general 200 m pecho: 13º (de 22 nadadoras participantes).
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José Vegazzi
El tercer espaldista argentino de los 100 m en Londres ‘48 largó en la primera serie. Hubiera podido clasificar para la semifinal al llegar en tercer lugar, pero su 1:13.8 quedó por encima de los tiempos establecidos por Chaves, Neumayer y otros competidores que bajaban cómodamente de 1:10.
Clasificación en la general 100 m espalda: 24º (de 39 nadadores participantes).
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Horacio White
Velocista tenaz que tuvo el privilegio de estar entre los dos nadadores argentinos, junto con Yantorno, que ganaron una serie de eliminatorias en Londres ‘48.
Fue en la siempre vibrante carrera de los 100 m libre, cuya cuarta serie quedó encabezada por White, con 1:00.2, aventajando a Cantón por 1 segundo y 6 décimas, que había participado en la segunda serie. Ese primer puesto le aseguró su pase a la segunda semifinal… y allí quedó, en quinto lugar, con 1:00.4. El norteamericano Walter Ris sería el ganador del oro, estableciendo 0:57.3.
Ya había pasado casi un cuarto de siglo desde que el futuro Tarzán John Weissmuller se convirtiera, en París 1924, en el primer nadador olímpico en recorrer los 100 m por debajo del minuto. Pasarían otros 36 años para que los hombres superaran la barrera de los 50 segundos en una olimpíada: fue en Los Angeles 1984, de la mano del norteamericano Ambrose Gaines.
White también tuvo el privilegio de integrar el relevo 4×200 libre que corrió en la final (en la eliminatoria había largado Cantón) y lograr un discreto 6º lugar en la clasificación final.
Clasificación en la general 100 m libre: 11º (de 41 nadadores participantes); relevo 4×200 m: 6º (de 14 equipos participantes).

Primera serie del relevo 4x200. Argentina va por andarivel 4 y el nadador del cubo es Augusto Canton
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Alfredo Yantorno
Un nombre de lujo para la natación argentina de los ‘40 y ‘50, coleccionista de records y más records en los Sudamericanos de entonces, abanderado de la delegación olímpica argentina 60 años antes que el Manu Ginóbili y único nadador de esa época que participaría en dos olimpíadas consecutivas: Londres 1948 y Helsinki 1952.
Más detalles sobre esta prominente figura, que junto con Durañona conformaría una dupla digna de podio en más de una ocasión, también vendrán más adelante en una próxima entrega de Andarivel 4.
En Londres ‘48 Yantorno participó en los 400 m libre y en el relevo 4×200, del que ya hemos venido hablando y que quedaría sexto en la final olímpica.
En los 400 m ganó la segunda serie con 4:53.8, una excelente marca que superó ampliamente las impuestas por Durañona y Garay, también competidores de esta prueba. Número puesto en la segunda semifinal, terminó cuarto con 4:57.3, tiempo que le alcanzó justo para llegar a la instancia final. Y aunque en esta llegó último, arrastrando un previsible agotamiento que elevó su marca a 4:58.7, sin duda Yantorno fue un gran triunfador. El medallista de oro de los 400 libre fue el estadounidense William Smith, que bajó el record olímpico a 4:41.0.
Clasificación en la general 400 m libre: 8º (de 39 nadadores participantes); relevo 4×200 m: 6º (de 14 equipos participantes).
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En términos generales, una excelente performance de Chaves, por un lado, y Yantorno, por el otro, más la gran hazaña del relevo 4×200 de los hombres dieron buen brillo a la actuación argentina. Las chicas esta vez estuvieron relegadas: no les habrá resultado sencillo subirse al cubo portando el impresionante legado de Jeannette Campbell y su medalla de plata en Berlín 1936. Pero lo intentaron… y el esfuerzo valió la pena. El de los hombres también.
Después de todo, esas eran épocas en las que la delegación nacional de nadadores concurría a una olimpíada con un completo equipo de postas, tanto en hombres como en mujeres, que hasta llegaban a una final, lujo que la Argentina se dio en contadísimas oportunidades… Justo es tenerlas siempre presentes.











