Club Instituto Atlético Central Córdoba

Parte I: Un club al que siempre se vuelve

.

Logo IACCDe todos los centros deportivos que he recorrido de la mano de la natación, el club Instituto de Córdoba es, hasta el momento, el único popular en todo el país… aunque no precisamente por la natación, sino más bien por el fútbol.

Sede del estadio institucional de mayor capacidad de la ciudad, dotado para albergar hoy a 32.000 espectadores, y bastión de una hinchada fiel a “La Gloria”, en permanente pugna con sus rivales cordobeses Talleres y Belgrano, el club se extiende a lo largo de dos manzanas completas y constituye un inconfundible mojón del tradicional barrio Alta Córdoba.

Aunque de lejos el fútbol fue y es el deporte por antonomasia de Instituto, la nonagenaria entidad ofrece actualmente una surtida gama de otras disciplinas deportivas, entre las que la natación, con sus idas y venidas, ha ocupado un lugar preferencial en estas tres últimas décadas.

Allá por 1985 traspuse por primera vez la entrada vidriada que sobre la calle Jujuy acaricia la esquina con Calderón de la Barca. Y hasta el día de hoy, a pesar de mi éxodo permanente hacia otras piscinas más acogedoras, uno que otro día en el año me llego para un oportuno chapuzón.

Pocos tienen presente que el legendario club Instituto de Córdoba nació a la luz del ferrocarril. A comienzos del siglo XX, cuando la Argentina era recorrida por una de las redes ferroviarias más extensas del mundo, las vías del entonces floreciente Ferrocarril Central Córdoba (F.C.C.C., luego Belgrano, hoy Belgrano Cargas… y mañana vaya uno a saber) se abrían en abanico desde Córdoba hacia Tucumán por el norte y Buenos Aires por el sudeste.

Con sus talleres, depósitos y la propia estación de pasajeros enclavados en el corazón del pueblo de Alta Córdoba, el F.C.C.C. y el poblado quedarían unidos en lo sucesivo para conformar una zona privilegiada que pronto se convirtió en un barrio, cuya pujanza atrajo a prestigiosas familias de la ciudad.

Ingreso del tranvia al viejo barrio Alta Cordoba

Sólo faltaba una entidad social que fomentara el deporte y la cultura, y con esa idea en mente un grupo de empleados del Departamento Locomotoras de la Sección Tracción del F.C.C.C. convocó a una asamblea en agosto de 1918. Fruto de esa asamblea, la flamante entidad recibió el nombre de Instituto Ferrocarril Central Córdoba, fundada en el predio que ocupaban los depósitos de locomotoras y que, en una primera etapa, contaría con una cancha de fútbol y otra de lawn tenis, además de espacios dedicados a los juegos más populares del momento, el billar y las bochas. Por una propuesta del asambleísta y jefe de la Sección Tracción, Don Guillermo Dundas, la indumentaria de los jugadores del Instituto constaría de una camiseta a rayas verticales con los colores rojo y blanco, y pantalón blanco. Era el nacimiento de la entidad albirroja cordobesa.

Concebido exclusivamente por y para ferroviarios, el Instituto mantuvo su selecto entorno hasta bien entrados los años ‘20. No obstante, su natural crecimiento sugirió la apertura del club para el resto de la comunidad, particularmente los vecinos de Alta Córdoba, barrio que a esa altura ya había alcanzado la popularidad y estima de otros barrios cordobeses tradicionales, como Alberdi, San Vicente o General Paz. Es así como a comienzos de 1924 una nueva asamblea designaba definitivamente al club como Instituto Atlético Central Córdoba (IACC), denominación que los socios y el público en general se encargarían de condenar al olvido en favor de la mucho más cómoda y concisa “Instituto”.

Entrada al estadio IACCLa cancha de fútbol, emblema por excelencia del club, mudó varias veces de ubicación dentro del barrio, hasta que en 1951, con motivo de la celebración del 33º aniversario de la fundación, fue inaugurado el estadio que hoy conocemos, sito en calle Jujuy 2750 (foto de la derecha).

Por haberse construido, en su mayor parte, con fondos enviados por el gobierno del entonces presidente Juan Domingo Perón, el estadio llevaría su nombre de ahí en más.

El énfasis puesto en su equipo de fútbol, sus altibajos y grandes conquistas -que lo llevaría a ganarse el mote de “La Gloria” allá a fines de los años ‘20- ha opacado el resto de los muchos deportes que se practican en el club. Si bien “La Gloria” acapara abundante información online, poco es lo que se encuentra sobre los comienzos de otras disciplinas rojiblancas como básquet, tenis, voley, yoga, gimnasia, patín, pelota a paleta, artes marciales… y por supuesto, natación. Ni siquiera el remozado sitio web oficial de la institución brinda datos concretos acerca del historial de estos deportes.

No obstante, el club y sus múltiples disciplinas acumulan un respetable número de socios en continuo crecimiento y ya es todo un ícono, no sólo para Alta Córdoba, sino también para la ciudad toda. Tanto, que hasta es imposible no distinguirlo desde el aire. La foto satelital de Google que vemos debajo (click para ampliar) muestra la ubicación del club, en la que sobresale el formidable estadio.

Foto satelital IACC

La flecha roja señala el ingreso a la sede social, casi en la esquina de las calles Jujuy y Calderón de la Barca, mientras que la flecha naranja indica el espacio ocupado por el Salón Cristal, escenario de importantes fiestas y agasajos. Orientada de este a oeste se distingue la piscina olímpica (flecha verde) y, más arriba, el galpón que alberga la piscina de invierno, señalado por la flecha rosa. Dos imponentes estructuras marcan las flechas restantes: se trata del gimnasio cubierto Ángel Sandrin, que aloja la cancha de básquet -flecha azul- y otro predio contiguo -flecha celeste- donde se practican, entre otros, el voley y las artes marciales.

Castillo del Complejo \Por mucho que parezca, el patrimonio del club no se limita exclusivamente a esta majestuosa sede del barrio Alta Córdoba. Desde mediados de los ‘70 el Complejo Polideportivo “La Agustina” también forma parte de la entidad albirroja. Ubicado en el barrio Jorge Newbery, en el extremo norte de la ciudad, este señorial complejo de seis hectáreas constituye un verdadero solaz dominado por un viejo castillo estilo medieval (foto de la derecha) construido a principios del siglo pasado a petición de su dueña de entonces, Doña Agustina Tillard. La profusa arboleda del terreno conforma un parque con quinchos y asadores, donde por cierto no falta infraestructura para la práctica de un buen número de deportes: canchas de fútbol y baby fútbol, dos piscinas al aire libre, canchas rápidas de tenis y un campo para arquería.

El sitio web del club ofrece una nutrida galería de fotos de sus diversas instalaciones y en esta página podemos comenzar el recorrido.

El natatorio albirrojo

Más allá del fútbol y de los múltiples deportes que ofrece el club Instituto, es natural mi interés por las dos piscinas que conforman el natatorio de la sede de Alta Córdoba. Desconozco a ciencia cierta la fecha de la que datan ambas piscinas, como así también si fueron construidas simultáneamente o por etapas. No obstante, es evidente que se trata de una construcción moderna que, creo haber leído por ahí, se remonta a la década del ‘70, y también parece claro que si ambas piletas fueron construidas individualmente, no transcurrió mucho tiempo entre una y otra.

Vista parcial de la piscina olimpicaLo cierto es que la Comisión de Natación pensó en grande a la hora de diseñar su natatorio. En épocas en las que sobraban los dedos de una mano para contar las piletas olímpicas que disponían las principales ciudades del país -y no es que la situación haya variado demasiado desde entonces- Instituto hizo la punta al concebir una piscina de 50 metros y ocho andariveles (foto de arriba). Construida en cemento pintado de color celeste y con una profundidad reglamentaria que no sobrepasa el metro ochenta en la parte media, sólo las paredes laterales se encuentran azulejadas de color verde claro, con la inscripción “Instituto Atlético Central Córdoba” en azulejos negros ubicada hacia la mitad de cada pared. Dichas paredes contienen salivaderos en toda su extensión y los ocho cubos de partida, construidos en cemento y dispuestos en ambas cabeceras, poseen un escalón para facilitar el ascenso. Sorprende la falta de tribunas permanentes alrededor de la pileta, por lo que cada vez que se organiza una competencia se instalan tribunas desmontables. Dotada de vestuarios propios en el subsuelo que rodea las paredes laterales, como toda piscina al aire libre sólo tiene vida desde principios de diciembre a principios de marzo. El resto del año permanece vacía y suele ser escenario de algunas prácticas de gimnasia y trote.

Piscina semiolimpica cubiertaPerpendicular a la olímpica y orientada de norte a sur se erige la piscina cubierta de 25 metros (foto de la derecha) de diseño muy similar a aquella. También construida en cemento pintado de celeste, con salivaderos laterales y con idéntica profundidad máxima, sólo difiere en la ausencia total de sectores azulejados y en un diseño más sencillo de sus seis cubos de partida, en este caso, de elevada altura y sin escalón. Cuando conocí el club el ingreso público al recinto se efectuaba por una puerta vidriada frente a la cabecera este de la piscina olímpica. Desde hace unos pocos años, se hace por el gimnasio Ángel Sandrin atravesándolo íntegramente a lo largo de la cancha de básquet. La iluminación natural del recinto también ha sufrido cambios con el tiempo; en un principio el techo era ciego y pequeñas ventanas en lo alto de la pared este suministraban luz natural durante el día. Hoy las ventanas ya no existen; la pared este ahora es ciega y el techo de chapas de zinc presenta cinco amplios sectores centrales compuestos por chapas traslúcidas que aseguran una excelente iluminación natural. El predio cuenta también con un sector de tribunas revestidas en ladrillo visto y asiento de cemento situado a lo largo del lateral oeste.

Vestuario damas natatorio cubiertoLa ubicación de los vestuarios del natatorio de invierno también cambió con los años; si bien todavía se conservan los del subsuelo, ignoro si se encuentran habilitados. En cambio, los que siempre funcionaron, aunque con distinta ubicación, se encuentran contiguos al gimnasio Ángel Sandrin y separados del recinto de la piscina por una puerta de doble hoja. Comparados con los de otros natatorios a los que he concurrido y concurro actualmente, claro está que los vestuarios del natatorio del IACC no son de lo mejor ni ofrecen el máximo confort, particularmente en el sector de duchas, pero al fin y al cabo uno no concurre al club para permanecer en los vestuarios…

En próximas entregas seguiremos recorriendo el tradicional natatorio de Instituto, con mis recuerdos de otras épocas… y hasta con una vieja edición de uno de los más importantes torneos nacionales a los que se dan cita los nadadores más destacados del país.

Enlaces relacionados en este blog: