Hay que reconocerlo. El Colegio Gabriel Taborín no sólo saluda al visitante que por la Ruta Nacional 9 accede a la ciudad de Córdoba desde la zona sur. De su natatorio han surgido nombres clave para el deporte local, nacional e internacional que, especialmente en estas tres últimas décadas, elevaron el prestigio de la entidad de la Av. Sabattini a la altura de las más encumbradas del interior del país.
Tuve el privilegio de recorrer los andariveles de la legendaria pileta del Taborín hace ya más de 20 años, lo que la convierte en otra de mis recordadas paradas de este camino hecho al nadar. Y si bien es el club donde permanecí menos tiempo hasta el momento, los metros recorridos en esa pileta ya son historia para mí…

Con un origen similar al del Colegio de la Inmaculada Concepción y su pileta del Ateneo en Santa Fe, el Colegio Gabriel Taborín fue fundado y está dirigido por la Congregación de los Hermanos de la Sagrada Familia, una obra del Reverendo francés Gabriel Taborín que data de 1841, consagrada a la educación de la niñez y la juventud.
La construcción del natatorio cubierto en el predio del Colegio ha servido desde siempre a un propósito meramente didáctico, por cuanto el Colegio no se ha limitado a forjar luminarias del deporte, sino más bien a estimular la práctica de la natación en todos los alumnos de todos los niveles, desde el primario hasta el terciario. De hecho, “Natación” es para los estudiantes del Taborín una materia más que deben cursar y rendir, como “Matemática”, “Historia” o “Ciencias Naturales”…
Es por eso que si bien está habilitado para todo público, en el natatorio del Taborín se dedica la mayor parte del día a la enseñanza y práctica de sus propios alumnos, docentes, egresados… y claro está, al entrenamiento de su equipo de competición -integrado principalmente por alumnos del Colegio- que durante años constituyó la créme de la natación cordobesa y nacional.
La foto satelital de Google que vemos arriba (hacer click para ampliar) nos muestra la ubicación del Colegio Taborín. Enclavado de una zona de intenso tránsito vehicular y rodeado de vías rápidas, se encuentra frente al Jardín Zoológico cordobés, muy cerca de la Terminal de Ómnibus (estructura semicircular señalada en la foto con la flecha azul) y también aledaño al nuevo nudo vial Mitre, que por cierto aún no existía en mis épocas en el club. En la foto vemos el edificio principal del Colegio (marcado con la flecha verde) y lo que indica la flecha roja es precisamente el galpón que alberga el natatorio… todo rodeado de frondosa arboleda y paisaje apacible, que contrasta el insistente ruido del tránsito en la zona.
La imagen de Google permite apreciar claramente que el natatorio no sólo cuenta con ingreso propio desde la Av. Sabattini (o Ruta 9), sino que ni siquiera hay que pasar por el Colegio para acceder al mismo.

Hacía por lo menos 20 años que no transponía el portón desde la Av. Sabattini y hace menos de una semana estuve de visita en mi primer natatorio cordobés, visita de la que salieron las fotos de este post. Es increíble que en la web no existan imágenes de este magnífico natatorio, ni siquiera en la propia página del Colegio. Por eso, una vez más, Andarivel 4 tendrá la primicia:-)
En mi reciente recorrida por el lugar pude comprobar, no sin sorpresa, que hay muy pocas innovaciones; la estructura edilicia sigue tal cual como la conocí. Sí en cambio el mantenimiento es continuo y hasta le da a todo el recinto un aspecto modernizado.
La entrada al natatorio ya no se efectúa por la puerta metálica de dos hojas que vemos en la foto de la izquierda, sino por otra puerta a la vuelta del galpón y a mano izquierda. Pero, como puede apreciarse, el otrora acceso principal se mantiene en perfectas condiciones. Los ventanales que se observan en la parte superior de la foto son los que proveen luz natural al natatorio.
Yo subía siempre por la escalera que está en primer plano. Al atravesar la puerta de entrada se desembocaba en un pequeño hall con la oficina de la Administración a la derecha y el consultorio médico a la izquierda (¿o derecha?; no recuerdo exactamente). Al final del hall ya ingresábamos al natatorio propiamente dicho, aunque no a nivel de las piscinas, sino al de un pasillo con baranda lateral que a mano izquierda conducía a los vestuarios y a ambas manos oficiaba de tribuna en las competencias que allí se celebraban.
Parte de ese pasillo puede verse sobre las cabezas de las instructoras -con remera roja- que se encuentran en el borde derecho de la pileta principal (foto de la derecha).
Esta pileta principal, que si pudiera hablar tanto nos contaría acerca las proezas de las que ha sido testigo, tiene las dimensiones típicas para competición en short-course: 25 metros de largo por 12,5 m de ancho, con una capacidad de 6 calles delimitadas por el tendido de 5 andariveles. Para torneos oficiales era muy común que se instalaran dos andariveles más a unos 20 cm de distancia de cada lateral, a fin de impedir que los nadadores de las canchas 1 y 6 recibieran el oleaje proveniente del rebote del agua sobre los laterales. Estos andariveles adicionales pueden distinguirse perfectamente en las pruebas del Torneo “Héctor Michelli” de 1993, algunos de cuyos videos están publicados en Andarivel 4.
Orientada de noroeste a sudeste, la pileta principal es apta también para la práctica de saltos ornamentales, por lo que en la cabecera sudeste se erige una columna con tres plataformas para trampolines, que ahora está pintada de azul, pero en mis épocas estaba completamente revestida en azulejos. Por ende, la profundidad en la cabecera sudeste alcanza los 4,10 metros, mientras que en la opuesta es de sólo 1 metro. Como es habitual en este tipo de diseños, el fondo presenta un escalón de rampa en la mitad de la pileta, que desciende a la máxima profundidad en la cabecera sudeste.
En la foto de arriba puede apreciarse claramente dónde comienza dicho escalón, debido a la tonalidad más oscura del agua. La capacidad total del vaso es de casi 900.000 litros, por lo que deducimos que se necesitaría la friolera de unos 90.000 baldes de agua (de los comunes plásticos de limpieza) para llenar la pileta…
La totalidad de la piscina está azulejada -lo que, al menos para mí, contribuye en gran medida para ser considerada rápida- y dispone de salivaderos. El detalle curioso está dado por las seis escaleras que circundan la misma (tres por lateral) que en ningún caso “invaden” la circunscripción de las canchas 1 y 6, sino que se encuentran empotradas en huecos practicados fuera del perímetro de la pileta, el cual forma un esquema de este tipo:
En forma paralela a la piscina principal prosiguen dos construcciones de importancia en el recinto. En la planta alta y accediendo por la escalera que se ve en el extremo derecho de la foto de abajo se ubica el gimnasio. Nunca subí a dicho gimnasio, pero las dimensiones parecen dar cuenta de su amplitud y comodidad.
En la planta baja, a nivel de su “hermana mayor” y separada de esta por no más de un metro y medio se encuentra la pileta para niños, de unos 15 metros de longitud y con una capacidad total de 91.000 litros. Es la que vemos en la foto de arriba.
Esas dos columnas sumergidas en esta pequeña pileta me hacen acordar a las sofisticadas piscinas romanas que precedieron nuestra era. Y si no, veamos la imagen de la izquierda…
Según pude apreciar en mi visita, todas las instalaciones de este natatorio se encuentran en impecable estado, incluso el techo. La gran novedad con respecto a las épocas de mi paso por el Taborín es el nuevo ingreso al recinto.
Como ya apuntara más arriba, el acceso del público se efectúa ahora por el sector noroeste, es decir, por una de las cabeceras de las piscinas, subiendo una escalera de hormigón de unos 8 escalones y trasponiendo una doble puerta metálica ciega de color blanco. Se desemboca en una sala climatizada donde a la derecha se encuentra el escritorio de la Administración y el ingreso a vestuarios, mientras que a la izquierda, como no podía ser de otra manera, se erige el necesario bar, con mesas y sillas plásticas para disfrutar de un café o una bebida mientras se observa cómodamente, a través de un gran ventanal vidriado de unos 10 metros de ancho, cómo trabajan los demás en la pileta. Este diseño por cierto acerca el natatorio del Taborín al típico de las academias de natación, donde el público -principalmente padres de niños pequeños- puede contemplar en primera fila todo lo que acontece en la piscina.
En una próxima nota me dedicaré a recordar los tiempos de mi paso por el Taborín… cuando se ingresaba por la parte lateral del natatorio, cuando todavía no había andariveles rompeolas… y cuando veía entrenar a tantas figuras de renombre que dejaron su huella en la natación de estas latitudes.

Enlaces relacionados en este blog:
- CGTC Parte I: Torneo “Héctor Michelli” edición 1993 (Primera nota)
- CGTC Parte I: Torneo “Héctor Michelli” edición 1993 (Segunda nota)
- CGTC Parte III: Mi breve paso por “el Tabo”



