Los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936 fueron los más opulentos de la historia, los de la propaganda nazi, los de Jesse Owens… y los de Jeanette Campbell.

Jeanette Morven Campbell

Figura emblemática del deporte argentino, pionera del rol protagónico de la mujer en la sociedad y dueña de un vida plausiblemente magnánima, Jeanette Campbell vino al mundo en 1916… en Francia, porque los avatares de la guerra allí sorprendieron varados a sus padres, él escocés, ella argentina.

Jeanette CampbellJeanette comenzó a nadar en el Belgrano Athletic Club cuando la familia se re-estableció en Buenos Aires, en épocas en que la natación era considerada una mera diversión veraniega y los pocos nadadores que accedían a las competencias eran exclusivamente del sexo masculino.

Desde principios de los años ‘30 la pasión de Campbell por la natación la sumergió de lleno en entrenamientos duros y ambiciosas metas.

A los 16 años ya era campeona argentina de los 100 m libre con 1:18.6, marca que iría pulverizando en los años subsiguientes hasta su 1:08:0 en el Campeonato Sudamericano de Río de Janeiro de 1935, competencia que por primera vez convocaba a hombres y mujeres por igual. No sólo los 100 m libres mostraron a pleno el brillo de Campbell; también los 400 m libre (5:47.8 en el Sudamericano) y el relevo 4×100 m libre.

Las tres medallas doradas -con sus correspondientes records argentinos y sudamericanos- que Campbell se trajo de Río representaron su ticket para las próximas Olimpíadas de Berlín de 1936.

En tiempos en que las travesías en barco al viejo Continente eran una opción ineludible (y no puro placer como hoy) Jeanette Campbell arribó a Alemania tras 21 días de viaje, junto a los 54 hombres que conformaban la delegación argentina. La única representante argentina en natación -para variar, no hubo presupuesto para que asistieran también los varones- participaría en una única prueba: los 100 m libre.

El 8 de agosto a las 15 hs se disputaron las cinco series de eliminatorias en la magnífica y moderna pileta de natación del Reichsportfeld. Con cielo encapotado y 19ºC de temperatura (entorno poco tentador para eventos acuáticos al aire libre, a decir verdad), Campbell ganó su serie con 1:06.8, igualando el record olímpico de la época en poder de la norteamericana Helene Madison y establecido en las Olimpíadas de 1932.

Las dos semifinales tuvieron lugar al día siguiente a la misma hora, con cielo despejado y 22ºC de temperatura. Campbell volvió a ganar su serie y a superar el record olímpico con 1:06.6, marca que dicho sea de paso constituía un nuevo record argentino y sudamericano. Su destacado lugar en la final estaba asegurado.

La temperatura ambiente y de las tribunas se había incrementado notoriamente para el día de la final, el 10 de agosto a las 3 de la tarde. En una jornada a pleno sol de casi 25ºC y ante 20.000 espectadores, siete competidoras se disputarían la gloria de subir al podio. Sin embargo, las miradas del público se clavarían en cuatro: las holandesas Willy den Ouden (poseedora del record mundial, con 1:04.6) y Hendrika Mastenbrock (el mejor tiempo de las semifinales, con 1:06.4) en los andariveles 4 y 5 respectivamente, Jeanette Campbell en el andarivel 6 y la alemana Gisela Arendt en el andarivel 7.

La largada no resultó muy auspiciosa para Campbell. La foto de abajo nos muestra que, junto con la nadadora del andarivel 3, será la última en ingresar al agua (click para ampliar: Campbell es la segunda comenzando desde la parte inferior de la foto).

Largada final 100 m libre

No obstante, su recuperación fue rápida: a los 25 metros ya alcanzaba la tercera posición y a los 50 giraba, junto a la alemana Arendt, en primer lugar, lo que hizo suponer que el oro se pelearía entre ambas… y tal vez la dueña del record mundial, den Ouden, que se mantenía al acecho. Pero los últimos 50 metros, como casi siempre ocurre con las carreras de velocidad, ofrecieron un escenario completamente diferente.

Llegada de la final 100 m libreLa holandesa Mastenbrock, rezagada al 6º lugar en el giro, comenzó a recuperar posiciones. Pasó a den Ouden, luego a Arendt, se aproximó a la líder Campbell y en los últimos 5 metros una diferencia de 2 décimas de segundo le bastó para tocar la pared en primer lugar (foto de la derecha mostrando la llegada de las tres primeras competidoras).

Mastenbrock se quedó con el oro, con 1:05.9, Campbell con la plata (1:06.4), Arendt con el bronce (1:06.6) y la plusmarquista mundial den Ouden debió conformarse con un modesto cuarto puesto, con 1:07.6, muy por debajo de su record… que no obstante su compatriota Mastenbrock no logró superar. Si esos no son consuelos…

Campbell camina hacia el podioLa medalla de plata (entregada por el Ministro de Propaganda nazi Joseph Goebbels) no fue el único gran momento de Campbell en esas olimpíadas. En la plenitud de sus 20 años, bonita y esbelta como pocas, cautivó a la prensa alemana y fue proclamada Reina de la Belleza Berlín 1936, distinción que le valió una plaqueta que conservaría durante toda su vida y que, en sus propias palabras, tuvo más significado para ella que la mismísima presea plateada.

Pasada la euforia de Berlín y ya en casa otra vez, Jeanette Campbell siguió entrenando, participando y ganando en campeonatos tanto argentinos como internacionales, y estableciendo nuevos records sudamericanos en Perú (1938) y Guayaquil (1939). El lugar más alto del podio era su favorito; las próximas olimpíadas de Tokio de 1940, su meta dorada.

Pero, como todos sabemos, las Olimpíadas de Berlín serían las últimas antes de que el mundo se sumergiera en la pesadilla de una nueva guerra, orquestada y materializada por la misma maquinaria nazi que tanta exuberancia había desplegado en Berlín 1936. De los Juegos de Berlín a los de la devastada Londres de 1948 transcurrirían 12 años sin olimpíadas que cegaron las ilusiones de cientos de deportistas. Jeanette Campbell fue uno de ellos.

Frustrada su actuación en las inexistentes olimpíadas de 1940, Campbell abandonó las competencias en 1941… pero nunca abandonaría el deporte de su vida. Casada con su amigo de años y destacado nadador Roberto Peper -integrante de la delegación argentina en las Olimpíadas de Los Angeles 1932-, Jeanette asumió una nueva vida como esposa y madre.

Y de tal palo, tal astilla: su hija Susana Peper no sólo hizo también maravillas en una piscina durante los años ‘60; en 1964 le regaló a su madre lo que esta había perdido en 1940: las Olimpíadas de Tokio. Madre (dama de compañía) e hija (integrante del equipo argentino de natación) estuvieron presentes en Tokio y Jeanette fue la abanderada de la delegación nacional.

Al año siguiente Campbell ocupó su lugar en la International Swimming Hall of Fame y de ahí en más su nombre seguiría apareciendo en las columnas de eventos sociales. Obras de caridad, viajes por el mundo, encuentros con personalidades internacionales, desde el príncipe de Mónaco hasta el Papa, cubrieron una nutrida agenda que nunca se recostó en los recuerdos.

Premiacion DeporTEAEn 1980 la Fundación Konex le entregó el Diploma al Mérito, junto a Alberto Zorrilla y otros ilustres representantes de la vieja natación argentina. Más recientemente, en 2002, recibió a sus 86 años el reconocimiento a la mujer en el deporte concedido por DeporTEA (Taller, Escuela y Agencia de Periodismo Deportivo). Fue un emotivo encuentro entre Jeanette y otra joven figura galardonada que aún no se había subido al podio de Atenas 2004: Georgina Bardach (foto de la derecha).

Lástima que Jeanette no logró ver la hazaña de Georgina: murió pocos meses después de la entrega de su premio de DeporTEA, en enero de 2003.

Lleva el nombre “Jeanette Campbell” el hoy remozado natatorio olímpico del Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo de Buenos Aires (CENARD), si bien para la época de la desaparición de Jeanette la piscina era objeto de un total abandono, producto de la tan conocida y popular desidia de las autoridades de turno.

En sus escasos 10 años de carrera deportiva, Jeanette Campbell fue vencida en apenas tres oportunidades. En el Campeonato Argentino de 1933, Alicia Laviaguerre la supera por única vez en territorio nacional en los 100 metros libre. En la misma carrera disputada en las Olimpíadas de Berlín, y como acabamos de ver, la holandesa Hendrika Mastenbrock le arrebata el oro por 2 décimas de segundo. En el Sudamericano de Montevideo de 1937 la brasilera Piedade Coutinho se queda con el primer puesto en los 400 m libre.

Derrotas representativas, sí, pero que de ningún modo han opacado la brillante trayectoria de una grande. Una grande cuya progenie sigue hoy muy vigente en las piscinas… por cuanto el nadador Santiago Cavanagh, que participó en los Campeonatos de la Liga Nacional de Natación en este verano de 2007, es hijo de Susana Peper… y nieto de Jeanette.

Todo un ejemplo. Todo un legado.

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