Don Schollander
Los ejemplares de la tradicional revista “Selecciones” del Reader’s Digest forman parte de la biblioteca de muchas familias desde que tengo uso de razón… y antes también. Por lo tanto, podría decirse que crecí entre “Selecciones”, no precisamente porque fuera mi revista favorita, sino porque los ejemplares circulaban aquí y allá entre los distintos miembros de mi familia y no era extraño que yo también fuera partícipe de algunas lecturas interesantes.
Hoy la colección familiar de “Selecciones” está reducida a unos 10 ejemplares y de esos 10 hay uno del que jamás podré desprenderme. Es el de enero de 1972, que en su “Sección de Libros” presenta la autobiografía que escribiera en 1971 bajo el título “Deep Water” un campeón olímpico, el nadador norteamericano Don Schollander.
A los 18 años, Schollander debutó en las Olimpíadas de Tokio de 1964 y se llevó 4 medallas doradas en 100 y 400 m libre y en sendas postas de 4×100 y 4×200 m libre. Al año siguiente ya figuraba en la Galería de la Fama de la Natación. En las Olimpíadas de México de 1968 fue medalla de plata en los 200 m libre y volvió al oro como cuarto relevo en la posta 4×200 m libre. Como dato anecdótico aclaremos que el tercer relevo de dicha posta era un desconocido Mark Spitz… que tan sólo 4 años más tarde acapararía el mayor número de preseas doradas de la historia olímpica.
Pero Schollander pasó a la posteridad con su propia colección de triunfos: 22 records mundiales y 37 records norteamericanos. Nada menos.
Su libro condensado por “Selecciones” (edición argentina) con el título “Lo importante es competir, no triunfar” constituye una emocionante lectura narrada en primera persona con gráficas descripciones de muchas de las carreras protagonizadas por Schollander casi metro a metro, lo que nos hace “vivir” cada competencia como si estuviéramos nadando junto a él.
Y tan realistas son sus descripciones del esfuerzo supremo que supone llegar triunfante a la meta, que Schollander nos deja estas palabras para las que, francamente, no se requiere más introducción.

“En las competencias de más alto nivel entra en la natación un nuevo factor: el dolor. Aprende uno a conocer el dolor en las prácticas y ha de experimentarlo en todas las competiciones. El suplicio comienza al acercarse uno al límite de su resistencia: va produciéndose gradualmente, afectando el estómago primero; los brazos se sienten pesados; las piernas se ponen tensas… en los muslos, en las rodillas.
Se hunde uno más en el agua, como si alguien lo estuviese empujando por la espalda. Se le dificulta mantenerse a flote. La percepción cambia. Los sonidos de la piscina se combinan hasta convertirse en un rugido constante en los oídos. El agua toma un matiz rosado. Se siente como si fuera a desprendérsele a uno el estómago; cada patada duele lo indecible, y de pronto se oye un destemplado grito interior.
Entonces hay que elegir: o desistir u obligarse uno a luchar hasta el final, a sabiendas de que el tormento será agudísimo. Precisamente en ese momento se separan los grandes competidores de los demás, pues son los últimos pocos metros los que cuentan. La mayoría de los nadadores desiste. Si se logra traspasar la barrera del dolor, llegando al verdadero martirio, se es campeón.”
Cómo se hace un campeón
De “Deep Water”, por Don Schollander y Duke Savage
Libro condensado en el ejemplar de enero de 1972 de “Selecciones” (edición argentina) bajo el título “Lo importante es competir, no triunfar”.
1 Abril 2007 at 7:59
no tengo mas que elogios para don schollander,hoy mas que nunca sus palabras son una verdad absoluta, las nuevas generaciones deberian leerlo atentamente
saludos
fabio gerschcovsky